PAUTAS DE AYUDA AL CUIDADOR

PAUTAS DE AYUDA AL CUIDADOR

En muchas ocasiones quienes cuidan a una persona mayor o enferma no siempre están preparados para responder ante las tareas, tensiones y esfuerzos que supone el cuidado.
Cuidar a una persona conlleva esfuerzo y dedicación y en muchos casos implica renuncias a otra forma de vida: a dedicar más tiempo al resto de la familia, a los amigos, o a uno mismo. Afortunadamente, cuidar también significa el descubrimiento de aptitudes y habilidades que, de otro modo nos hubieran pasado desapercibidas. Igualmente puede llevar a que se establezca una relación más próxima con la persona que cuidamos o con otros familiares.
Lo cuidadores se aventuran en una tarea difícil, y se ven expuestos a un gran número de emociones y sentimientos. Algunos de ellos son positivos, como los sentimientos de satisfacción por contribuir al bienestar de un ser querido. Pero también, frecuentemente, hay pensamientos y emociones negativas, como la sensación de impotencia, los sentimientos de culpabilidad, de soledad, de preocupación o de tristeza.
No todos los cuidadores afrontan el reto de cuidar de la misma manera, ni les supone a todos el mismo esfuerzo, pero es cierto que con el tiempo se produce en mayor o menor medida un desgaste físico y emocional que repercute en el estado de salud del cuidador.
El cuidador principal debe mantener un buen estado de salud, tanto físico como emocional. Por los general, cuando una persona se convierte en cuidador principal no vigila su salud, y no presta atención a las pequeñas “señales de alarma” que pueden aparecer en él (dolores, insomnio, tristeza, cansancio, inquietud…) los cuidadores por tanto tienen que saber reconocer estos síntomas y darle su debida importancia, para no empeorar su estado de salud; para ello se debe buscar tiempo para acudir al médico, tiempo para disfrutar de la familia, de los amigos, seguir manteniendo algún hobby, buscar soluciones a los problemas que puedan surgir… Algunas pautas que pueden ayudar al cuidador en este proceso son:
• Aprender a delegar.
• Programarse su vida.
• Dejar espacios de ocio y libertad y RESPETARLOS.
• Recordar que su tesoro es su tiempo, y su tiempo es su salud.
Por otro lado se debe aprender a conocer los sentimientos y señales de alerta, que informan sobre cómo nos puede estar afectando la situación. Entre estas señales nos encontramos:
• Problemas para dormir.
• Cansancio nocturno.
• Pérdida de contacto social.
• Consumo de alcohol o sedantes
• Cambio en los hábitos alimenticios
• Dificultades para concentrarse.
• Pérdida de interés sobre actividades que antes producían placer.
• Comenzar a realizar actos rutinarios o repetitivos como puede ser el limpiar la casa continuamente.
• Enfadarse con más facilidad.
• Trato desconsiderado con el resto de familiares o amigos
Ante la aparición de dichas señales de alerta debemos PEDIR AYUDA a familiares, profesionales, amigos o instituciones.
El estado de salud del cuidador es importante, por lo que debe conocerse y ponerse límites realistas a la carga como cuidador y mantener unos hábitos de vida saludables, como pueden ser:
• Mantener una buena alimentación, comer bien, a sus horas y manteniendo una dieta equilibrada.
• Hacer ejercicio diariamente si es posible.
• Hablar diariamente con familiares o amigos.
• Dedicar un tiempo al día para hacer aquello que nos gusta (leer, pintar, pasear, coser…)
No olvidemos que “debemos cuidarnos para poder cuidar”

Mercedes Castillo Chinchilla
Neuropsicóloga de ACTIVA San Sebastián de los Reyes – Alcobendas