El grupo de población mayor de sesenta años es cada vez más numeroso. La esperanza de vida se ha alargado y con ella la sociedad ha tenido que encontrar la forma de cambiar muchos de los hábitos, comportamientos y funcionamiento de numerosos sectores. El desarrollo tecnológico y médico dan respuesta a muchas de las necesidades que plantea este numeroso grupo de población. Los centros de día y las residencias de mayores llegan en forma de respuesta a muchas de estas demandas. Sin embargo, hay entre nuestros mayores jubilados, quienes por sí mismos, se han convertido en la solución a algunos de los problemas de la sociedad actual.

Al pensar en personas mayores, en aquellos que han dejado atrás toda una vida de trabajo, tendemos a hacerlo en los cuidados que necesitan, en los cuidados que han de recibir y que les son dados a través de, por ejemplo, los mencionados centros de día o centros especializados en la atención a la tercera edad. Pero no siempre es así. Son muchos los mayores que dedican buena parte de su ocio a hacer voluntariado y a ejercer una labor social en estas mismas residencias o en algunos centros.

El voluntariado contribuye significativamente a alcanzar una sensación de satisfacción personal importante entre quienes lo ejercen, muy especialmente, si quienes lo hacen son mayores de sesenta y cinco años.

Centros de día e instituciones dedicadas al cuidado de la tercera edad que cuentan entre su personal con voluntarios de edades avanzadas saben bien que se trata de personas con un alto sentido de la responsabilidad y con una experiencia de vida, imposible de encontrar en otros sectores de la población.

La gratificación que encuentran los voluntarios es igualmente digna de mención. La posibilidad de sentirse solidario, útil y activo se traduce en grandes beneficios no solo para aquel a quien atiende un voluntario mayor, sino para el propio voluntario que no tardará en descubrir las ventajas mentales y emocionales que le proporciona este tipo de trabajo desinteresado.

El compromiso adquirido al aceptar un trabajo de estas características, el mantenimiento de una forma física saludable, la prevención de enfermedades o la compañía y la ausencia de aislamiento social, son solo algunos de los beneficios que proporciona el voluntariado a los mayores que han decidido ejercerlo y convertirlo en una forma de ocio.

Todas ellas contribuyen a que el paso de los años transcurra de forma saludable, a mantener un buen estado de ánimo y una buena salud mental. Como saben los profesionales médicos y los trabajadores sociales de los diferentes centros de día en los que colaboran o ayudan voluntarios mayores, la ayuda que éstos prestan termina siéndoles devuelta; se trata de una labor cuyos beneficios agradecen todos y cada uno de los que acuden a diario a estos centros: profesionales, pacientes, usuarios y voluntarios.

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