A la hora de rehabilitar un Ictus lo fundamental es que el proceso rehabilitador se inicie lo antes posible, no siendo en muchas ocasiones posible realizar esta fuera del domicilio. En ACTIVA, trabajamos con la finalidad de ayudar al paciente a adaptarse a su déficit, para ello diseñamos programas de rehabilitación, llevado a cabo en el domicilio del paciente, basados en las necesidades de la persona, en los cuales se implica tanto al paciente como a la familia, con el fin último de recuperar las funciones alteradas y mantener las conservadas.

El término Ictus o enfermedades cerebrovasculares hace referencia a cualquier trastorno de la circulación cerebral, generalmente de comienzo brusco, que puede ser consecuencia de la interrupción de flujo sanguíneo a una parte del cerebro, o la rotura de una arteria o vena cerebral.

El Ictus popularmente es conocido por múltiples nombres: infarto cerebral, trombosis, embolia, derrame cerebral…

Existen fundamentalmente dos tipos de Ictus, según el tipo de lesión que le ocurra al vaso:

  1. Isquemia cerebral o Ictus isquémico: El problema es la oclusión o taponamiento de un vaso, lo que impide que la sangre pueda llegar a una determinada zona del cerebro. Esta oclusión puede ser causada por un trombo (trombosis) o por un émbolo (embolia).
  1. Hemorragia cerebral o Ictus hemorrágico: Se produce cuando lo que ocurre es una rotura del vaso dentro del cerebro, o en sus envolturas.

Existen una serie de criterios que nos pueden ayudar a identificar un Ictus. Entre ellos nos encontramos:

  • Pérdida brusca de movimiento o debilidad del brazo, la pierna o la cara, especialmente cuando se produce en un lado del cuerpo.
  • Problemas repentinos de visión, en uno o en ambos ojos.
  • Dolor de cabeza repentino, sin causa conocida.
  • Dificultad en el habla: balbuceo, incapacidad para encontrar las palabras adecuadas o no ser capaz de comprender lo que otras personas dicen.
  • Problemas repentinos al caminar o pérdida del equilibrio o de la coordinación.
  • Sensación brusca de acorchamiento u hormigueo en la cara, el brazo y/o la pierna de un lado del cuerpo.

Es posible que tras el Ictus aparezca algún tipo de afectación cognitiva, la cual puede dar lugar a la aparición de diferentes problemas; encontrándose entre ellos la disminución de la memoria, la atención, la orientación, concentración, razonamiento, lenguaje, dificultad en la planificación y organización en las tareas, etc.

De igual modo pueden aparecer diversos trastornos psicológicos, siendo el más común la depresión, la cual en ocasiones puede interferir de manera negativa en el proceso rehabilitador.