El término Ictus o enfermedades cerebrovasculares hace referencia a cualquier trastorno de la circulación cerebral, generalmente de comienzo brusco, que puede ser consecuencia de la interrupción de flujo sanguíneo a una parte del cerebro, o la rotura de una arteria o vena cerebral.

El Ictus popularmente es conocido por múltiples nombres: infarto cerebral, trombosis, embolia, derrame cerebral…

Existen fundamentalmente dos tipos de Ictus, según el tipo de lesión que le ocurra al vaso:

  1. Isquemia cerebral o Ictus isquémico: El problema es la oclusión o taponamiento de un vaso, lo que impide que la sangre pueda llegar a una determinada zona del cerebro. Esta oclusión puede ser causada por un trombo (trombosis) o por un émbolo (embolia).
  1. Hemorragia cerebral o Ictus hemorrágico: Se produce cuando lo que ocurre es una rotura del vaso dentro del cerebro, o en sus envolturas.

Es posible que tras el Ictus aparezca algún tipo de afectación cognitiva, la cual puede dar lugar a la aparición de diferentes problemas; encontrándose entre ellos la disminución de la memoria, la atención, la orientación, concentración, razonamiento, lenguaje, dificultad en la planificación y organización en las tareas, etc.

De igual modo pueden aparecer diversos trastornos psicológicos, siendo el más común la depresión, la cual en ocasiones puede interferir de manera negativa en el proceso rehabilitador.

A la hora de rehabilitar un ictus lo fundamental es que el proceso rehabilitador se inicie lo antes posible. En ACTIVA, trabajamos con la finalidad de ayudar al paciente a adaptarse a su déficit, diseñando programas de rehabilitación que se adapten a las necesidades de la persona,  implicando tanto al paciente como a la familia, con el fin último de recuperar las funciones alteradas y mantener las conservadas.